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Señor Bush, señor Rumsfeld:
¡Se acabó el juego!

El doctor en medicina Matthias Rath es el famoso científico que impulsó el cambio en el control natural de las principales enfermedades.

Su colega y amigo, el fallecido premio Nóbel Linus Pauling afirmó: «Tus descubrimientos amenazan a industrias completas. Quizás algún día haya guerras para impedir que esta innovación sea aceptada por todos. ¡Ese día tendrás que luchar!»

Ese día ha llegado ahora.

Miembros del gobierno estadounidense de George W. Bush lanzaron hace poco un ataque sin precedentes contra aquellos que los criticaban, empleando términos como «nazismo» y «fascismo». El Secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, fue el líder de este ataque.

Todos los principales medios de comunicación interpretaron que el furioso ataque de Rumsfeld estaba dirigido a los críticos de la Administración Bush. Sin embargo, el Pentágono afirmó que se refería, simplemente, a un «gran número de personas y organizaciones», pero se prefirió omitir sus nombres. ¿Cuál fue, entonces, el desencadenante del mayor escándalo político en la reciente historia de los EE.UU.?

¿QUE CAUSO EL INICIO PARA EL ATAQUE FURIOSO DE RUMSFELD?

El aviso que lancé en mi carta abierta de 25 de agosto de 2006, en el New York Times desenmascaraba el plan de la Administración Bush de iniciar la III Guerra Mundial. También desvelaba su objetivo último: asegurar la supervivencia de un negocio fraudulento de inversiones de la industria farmacéutica que promete «salud» pero en realidad depende del crecimiento de las enfermedades, que suponen un mercado multimillonario para los medicamentos patentados.

Esta histórica carta abierta publicada en el New York Times acusaba al gobierno estadounidense de preparar el lanzamiento de una guerra mundial. El ataque que Rumsfeld lanzó contra «los medios de comunicación», en mi opinión, estaba dirigido contra The New York Times por haber publicado esta carta abierta donde se desvelaban los planes sobre la III Guerra Mundial.

La industria farmacéutica fue el mayor financiero en favor de la elección de Bush durante la campaña. Además, antes de convertirse en arquitecto de tres de las guerras que ha organizado EE.UU., Rumsfeld era el principal ejecutivo del sector farmacéutico de la historia del país. No hay que ser psicólogo ni analista político para reconocer el motivo subyacente tras estos ataques erráticos: ¡confirman la veracidad de la información de mi anterior carta abierta!

¡SE ACABÓ EL JUEGO!

Con su plan para lanzar la III Guerra Mundial al descubierto, la Administración Bush está arrinconada. Quizás la única salida para este gobierno sea un último y desesperado esfuerzo para acelerar sus planes de la III Guerra Mundial, llevando al mundo entero al abismo. Jamás el mundo había estado tan próximo a vivir un holocausto nuclear a partir de ahora hasta las próximas elecciones de los EE.UU., en noviembre de 2006.

Sin embargo, si la Administración Bush, a la desesperada, provocara una guerra nuclear contra el Irán o cualquier otro país, ya no podría lograr llevar a cabo sus planes. Una vez desenmascarados sus planes, el mundo entero señalará al gobierno de los EE.UU. como responsable de la Tercera Guerra Mundial. Por eso, Bush y Rumsfeld ya no pueden ganar la III Guerra Mundial. ¡Se acabó el juego!

COMIENZA UNA NUEVA ERA

Los estadounidenses tienen la responsabilidad de destituir pacíficamente a estos políticos que siguen amenazando la paz mundial; los gobiernos del mundo tienen la responsabilidad de utilizar la próxima Asamblea General de la ONU como un punto de inflexión en la historia y dar comienzo a un orden internacional, basado en un derecho de voto equitativo para todas las naciones. Al contrario de lo que ocurrió en las anteriores Guerras Mundiales, la humanidad ya no puede, inmersa como está en la Era Nuclear, esperar hasta que termine la siguiente guerra para crear un nuevo orden mundial y asegurar una paz duradera. ¡Tenemos que hacerlo ahora!

Los pueblos del mundo tienen ahora la oportunidad de intentar a reducir las enfermedades comunes más extendidas de nuestros tiempos, como las enfermedades cardiacas, el cáncer y las inmunodeficiencias, aplicando los conocimientos de biología y bioquímica en la medicina y en el sector de la sanidad aunque estos conocimientos no sean patentables.

El objetivo de la comunidad internacional debe ser erradicar las enfermedades e impedir que se conviertan en un mercado. Para miles de millones de personas, especialmente las que viven en el mundo en desarrollo, el inicio inmediato de esta nueva era es cuestión de vida o muerte.