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Un momento crucial en la historia
¿Por qué no habíamos tenido noticia de estos descubrimientos antes?
La respuesta es obvia. La industria farmacéutica no es una industria que haya crecido de forma natural. Fue creada artificialmente por inversores que, para hacer dinero con las enfermedades, tuvieron que bloquear los tratamientos médicos naturales, no patentables, para evitar que estuvieran accesibles a todo el mundo.
Al comienzo del siglo XX, el grupo Rockefeller ya controlaba la mayor parte del negocio del petróleo en Estados Unidos y en muchos otros países. Este grupo de inversión utilizó estos ingresos billonarios para abrirse un nuevo mercado: el cuerpo humano. Pero los beneficios de esta inversión dependían de la patentabilidad de los fármacos inventados. Los beneficios billonarios de esta nueva industria de inversión se utilizaron para convertir sistemáticamente a la medicina en un negocio de inversión con orientación farmacéutica. En unas décadas, la medicina quedó controlada por estos grupos de interés gracias a su influencia en las facultades de Medicina, en los medios de comunicación y en la arena política.
Uno de los principales problemas a los que se enfrentaba esta industria era la competencia de los productos naturales. Entre 1920 y 1935 se descubrieron la mayoría de las vitaminas y nutrientes esenciales necesarios para un metabolismo celular óptimo. El mundo científico tenía claro que sin estas moléculas esenciales para el metabolismo celular, estas células no funcionarían correctamente y darían origen a enfermedades.
Los estrategas de la inversión farmacéutica se dieron cuenta de ello y se embarcaron en una campaña mundial para bloquear esta información vital y evitar que fuera del dominio público. Pero silenciar esta información fue solo el primer paso. Otros pasos estratégicos consistieron en construir la trama fraudulenta del negocio farmacéutico, que incluía desacreditar la información sobre estas terapias naturales no patentables, e incluso proscribir cualquier manifestación terapéutica y preventiva sobre las terapias naturales.
Todas estas medidas tenían un único objetivo: proteger a la industria de inversión farmacéutica basada en fármacos patentables que únicamente cubren los síntomas frente a las terapias naturales no patentables esenciales para mantener la salud celular. En claro contraste con esto, los datos científicos sobre las moléculas naturales esenciales para el funcionamiento básico de las células descritos en los libros de biología se convirtieron en una cuestión de vida o muerte para este negocio de inversión: el hecho de que las enfermedades puedan evitarse optimizando la salud celular con moléculas naturales no patentables afecta a los cimientos mismos de todo el negocio farmacéutico de inversión en las enfermedades. Ya que una enfermedad que se evita o erradica deja de ser un mercado.
También es particularmente importante reflejar la influencia de la industria farmacéutica sobre la profesión médica. Con la creación de facultades privadas de Medicina en Estados Unidos, incluidas las universidades de la «Ivy League», como Harvard, Yale, la Clínica Mayo y otras, la industria de inversión farmacéutica compró la opinión médica de todo el mundo. La enseñanza de las terapias médicas se fue centrando cada vez más en los productos farmacéuticos y, al mismo tiempo, se logró proscribir los tratamientos naturales como «obsoletos».
Albert Szent-Györgyi, premio Nobel en 1937
Casi ningún médico licenciado en una facultad de Medicina en las últimas décadas sabe que el primer premio Nobel por el descubrimiento del papel de la vitamina C en el metabolismo celular se concedió en 1937. Así, durante más de medio siglo, generaciones enteras de médicos (millones en todo el mundo) han salido de la facultad sin saber nada sobre el importantísimo papel y las ventajas para la salud de las vitaminas, los minerales y los oligoelementos.
Ante los siguientes hechos, cualquiera puede entender inmediatamente las devastadoras consecuencias que estaestrategia de inversión puede tener para la salud humana. Casi ninguno de los seis mil millones de seres humanos que existen actualmente sabe que el cuerpo humano no produce vitamina C. Ahora es un hecho científico que la propia molécula de esta vitamina (de la que se sabe que protege las arterias del escorbuto) es también el factor principal para evitar infartos, apoplejías y otros problemas cardiovasculares. Así, el simple hecho de desterrar de la profesión médica este conocimiento vital en interés de la industria farmacéutica creó deliberadamente la epidemia cardiovascular, la epidemia número uno en el mundo industrializado y en la mayoría de las áreas urbanas del mundo en desarrollo.
Casi nadie en este planeta sabe que el cuerpo humano no produce el aminoácido natural lisina, un componente esencial de las proteínas. Y ahora resulta que esta molécula natural, la lisina, es uno de los factores más importantes para evitar que las células cancerosas se propaguen por el cuerpo. El cáncer es la segunda mayor epidemia del mundo industrializado, y los fármacos vendidos en el último mes de vida de un paciente de cáncer son uno de los mercados más rentables de este negocio farmacéutico con las enfermedades.
Así, a principios del siglo XXI, la humanidad se está despertando de una pesadilla. La difusión de esta información de salud tan sencilla sobre las moléculas necesarias para un funcionamiento celular óptimo, pero no producidas por nuestro cuerpo, podría haber salvado dos de cada tres vidas en el mundo industrializado y en los países en vía del desarrollo.
Y también debemos entender que el hecho de que las personas del mundo hayan estado «dormidas» durante todo un siglo no se debe a que no seamos personas inteligentes. Tenemos que entender que, para funcionar, el engañoso y fraudulento negocio farmacéutico dedica miles de millones de dólares al engaño y a crearse una fachada artificial como «benefactor de la humanidad». Para conseguir ese objetivo, esta industria ha dedicado al marketing el doble de lo que ha gastado en investigación.
Donald Rumsfeld, actual ministro de la guerra de Estados Unidos, ha sido presidente de varias multinacionales farmacéuticas. Recibió varios premios por sus servicios a la industria antes de ser nombrado para su actual cargo en la administración Bush. No cabe duda de que Rumsfeld y todos los ejecutivos de esta industria, incluido el grupo de inversión Rockefeller, conocen estos datos. Y están temblando ahora que ven que la verdad sobre el negocio farmacéutico con las enfermedades se está extendiendo como la pólvora. Si eso ocurre, su suerte está echada: se les hará responsables de la muerte de millones de personas por enfermedades que se podrían haber evitado de no haber sido por sus decisiones deliberadas. Y ellos saben que, o derrotan a la humanidad en una guerra y en un escenario global del «Gran Hermano», o la humanidad los derrotará a ellos. No hay solución intermedia. Y este es el telón de fondo de la actual guerra. Por eso se enfrentan al planeta entero.
Durante más de un siglo, la fraudulenta trama farmacéutica multibillonaria se ha basado en una condición: proscribir la información sobre terapias naturales no patentables que pueden salvar vidas y prevenir las enfermedades más comunes de la actualidad. Por eso nadie debería sorprenderse de que lo hicieran ni de que no supiéramos nada de esos descubrimientos.
Pero, ¿cuál es el papel de la Organización Mundial de la Salud? ¿No promueve la nutrición?
La Organización Mundial de la Salud(OMS) se creó hace más de 50 años con el objetivo de mejorar la salud de las personas en todo el mundo. Una de sus primeras misiones fue difundir información sobre la nutrición. La OMS publicó anualmente «informes conjuntos de nutrición» en colaboración con la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) durante alrededor de una década.
Después, los intereses farmacéuticos tomaron el pleno control de la OMS. Desde entonces se ha convertido en su antítesis. En 1963, solo 15 años después de que se fundara la OMS para servir a las personas del mundo, ya se había convertido en un instrumento del cartel farmacéutico mundial. En 1963 se creó una nueva comisión para combatir específicamente el uso de los micronutrientes (vitaminas, minerales y aminoácidos) para prevenir, curar y erradicar enfermedades. El objetivo de lo que se denominó comisión Codex Alimentarius (estándar nutricional) de la OMS/FAO era imponer «límites superiores» artificiales para evitar que en el mundo se utilizaran estos componentes de salud natural con propósitos terapéuticos. Esta comisión también se lanzó a una «guerra santa» contra la difusión de información sobre salud natural que hablara de los beneficios de estos micronutrientes probados cientificamente. Así, el cartel farmacéutico convirtió a la OMS en un instrumento suyo y la manipuló para impulsar la primera legislación de la globalización: leyes proteccionistas para proteger artificialmente el monopolio de salud mundial de los fármacos patentados.
De esta forma, la organización creada para mejorar la salud de las personas ha sido utilizada durante los últimos 40 años por los intereses lucrativos de un puñado de inversionistas para hacer justo lo contrario: mantener a la gente ignorante de una información que puede salvar vidas y evitar las enfermedades más comunes hoy día.

La publicación de los 10 puntos de mi programa «Salud para todos en el año 2020» en la cumbre mundial de Johannesburgo en agosto de 2002 marcó un punto de inflexión para esta organización. Informando a más de 100 jefes de estado sobre el carácter fraudulento del negocio farmacéutico y las alternativas de salud natural, la batalla por recuperar la OMS y usarla en beneficio de las personas ha comenzado. Los países en desarrollo de África, Sudamérica y Asia están liderando esta histórica batalla. Pero no nos confundamos: las fuerzas del cartel farmacéutico atrincherado en la OMS no se van a rendir voluntariamente.
Los pueblos del mundo tienen que despertar al hecho de que los grupos de interés que están convirtiendo la OMS en lo contrario de lo que debería ser, son los mismos grupos de interés que han forzado la guerra contra Irak y la actual crisis internacional en este planeta. Así, la guerra por el control de la OMS se lidiará con una brutalidad similar a la de cualquier guerra militar. La comparación está permitida, puesto que, al fin y al cabo, las víctimas en ambos casos son miles o millones de personas.
El resultado de esta lucha por el control de la OMS es seguro: las personas del mundo, por su propio bien y el de las generaciones futuras, ganarán esta lucha y recuperarán el control de esta organización mundial. Cuánto tardarán dependerá en último término de que las personas sean informadas sobre estos avances y obliguen a sus gobiernos a emprender acciones a nivel nacional e internacional. Mientras tanto, es esencial que haya organizaciones que no se dejen comprar, sobornar ni influir de cualquier otra forma. La Fundación para la Salud del Dr. Rath se fundó para contribuir a este objetivo.

