LA ORGANIZACIÓN PARA LA SALUD FUNDADA POR EL DR. RATH ES ÚNICA EN EL MUNDO:
TODOS LOS BENEFICIOS SE DESTINAN A UNA FUNDACIÓN DE UTILIDAD PÚBLICA. leer más

Dr. Rath Health Foundation

Dr. Rath Health Foundation

 

Página principal > Noticias > Entrevistas

Un momento crucial en la historia

Usted ha mencionado la Comisión del Codex Alimentarius. ¿Puede explicarnos algo más sobre esto?

El Codex Alimentarius es una comisión de la OMS y la FAO. Alrededor de la mitad de sus miembros están directa o indirectamente relacionados con la industria farmacéutica. Aunque el Codex Alimentarius trata una serie de cuestiones relacionadas con la protección de los alimentos, la mayor parte de su tiempo, esfuerzos y recursos se han desperdiciado en la lucha del cartel farmacéutico contra la difusión de la información de salud natural relativa a las vitaminas, los minerales y otros nutrientes esenciales.


Todas las reuniones del Codex Alimentarius desde 1998 se han celebrado en Berlín a puerta cerrada.

Después de mis descubrimientos de la relación escorbuto-enfermedades cardíacas, el éxito de mi libro Why Animals Don't Get Heart Attacks y después de que fracasara el primer intento de proscribir las terapias naturales en EE.UU. en 1994, las farmacéuticas revitalizaron el Codex Alimentarius en 1995. Desde entonces, vienen haciendo un ímprobo esfuerzo por proteger su negocio con la enfermedad de estos micronutrientes eficaces, seguros y no patentables. La comisión ahora se reúne cada año a puerta cerrada. Su principal objetivo es proscribir cualquier manifestación terapéutica relacionada con las vitaminas, los minerales y otros nutrientes esenciales. Estas recomendaciones sin escrúpulos se pasarán a la Asamblea General de las Naciones Unidas, en beneficio del cartel farmacéutico, con la recomendación de convertirlas en leyes vinculantes para todos los países miembros de las Naciones Unidas, es decir, para todo el mundo. Este es, al menos, el plan del cartel farmacéutico.

En los últimos años hemos organizado protestas regulares contra los planes Codex del cartel farmacéutico, con conferencias científicas, manifestaciones y campañas de protesta dirigidas a los miembros de la comisión Codex y a los gobiernos que aún la apoyan. En la última campaña de protesta se enviaron más de 600 millones de cartas de protesta a los gobiernos y diputados de los países que aún apoyan este propósito tan poco escrupuloso.

En vísperas de la reunión Codex de noviembre de 2002 en Berlín, tuvimos una conferencia de expertos de la salud de todos el mundo, incluida Sudáfrica. En esta «reunión Codex», la delegación oficial de Sudáfrica desenmascaró por primera vez la hipocresía que hay tras el Codex Alimentarius. Para entender la importancia de este paso hay que hacer algunas aclaraciones:

Ninguna mente sana apoyaría una prohibición de la salud natural así como así. Por eso, el cartel de los fármacos necesitaba un pretexto para convencer a los políticos aún indecisos de por qué debían prohibir las terapias naturales. Ese pretexto fue inventarse unos inexistentes efectos secundarios de las vitaminas. Por supuesto, estos efectos secundarios solo existen en la imaginación de los grupos de interés farmacéuticos y en las mesas de diseño de su maquinaria de RR.PP. Las vitaminas, los minerales y los aminoácidos son los bloques constitutivos de la vida, y el cuerpo puede eliminar cualquier exceso de ellos sin problema.

Esto contrasta enormemente con los productos farmacéuticos sintéticos. Como son sintéticos, el cuerpo no los reconoce, y esa es la razón por la que casi todos los fármacos conllevan graves efectos secundarios. De acuerdo con el número del 15 de abril de 1998 del Journal of the American Medical Association, estos letales efectos secundarios de los fármacos se han convertido en la cuarta causa de muerte en el mundo industrializado. Haciendo caso omiso de todo esto, la maquinaria de relaciones públicas de la industria farmacéutica intenta manipular a la opinión pública mundial y retorcer el brazo a los políticos que necesita para que aprueben estas recomendaciones sin escrúpulos del Codex Alimentarius.

Ante este telón de fondo, tenemos que apreciar la postura que adoptó el gobierno sudafricano en la reunión del Codex del 2002, en la que desenmascaró la hipocresía de los esfuerzos que durante décadas había hecho el cartel farmacéutico dentro del Codex apoyando nuestros argumentos desde su posición como gobierno oficial. Pero esto no fue una coincidencia. Dos años antes, el gobierno sudafricano había iniciado una lucha contra el cartel farmacéutico al negarse a pagar los derechos de patente sobre los fármacos contra el sida.

Su argumento era simple: los exorbitantes derechos de patente de estos fármacos los hacen inaccesibles para la inmensa mayoría de las personas en Sudáfrica y en el mundo en desarrollo. Así, la industria farmacéutica, al insistir en cobrar estos enormes márgenes de beneficio, está arriesgando deliberadamente la vida de millones de personas en África y en todo el mundo. El «cartel de los medicamentos», es decir, la Federación Internacional de Fabricantes Farmacéuticos, tuvo la suficiente arrogancia como para demandar al gobierno sudafricano ante los tribunales de Pretoria. Como es lógico, esta guerra no se ganó en los tribunales, sino en el juicio de la opinión pública.

Las protestas en todo el mundo contra «matar en beneficio del negocio farmacéutico con la enfermedad» hicieron imposible que el cartel farmacéutico continuará este litigio. En enero de 2001, solo unas semanas después de haber desafiado al gobierno sudafricano ante los tribunales, el cartel farmacéutico reconoció su derrota y retiró la demanda. El gobierno sudafricano había ganado una batalla histórica contra el cartel farmacéutico. Desde entonces, muchos países han seguido el ejemplo del gobierno sudafricano y están fabricando sus propios fármacos sin pagar los desorbitados derechos de patente.

Usted ha mencionado los fármacos contra el sida. ¿Hay alguna alternativa natural a estos medicamentos?

Es un hecho científico que prácticamente todos los virus pueden ser total o parcialmente bloqueados con terapias naturales. El ascorbato (vitamina C) reduce la multiplicación (replicación) de los virus. Un estudio publicado en el influyente Proceedings of the National Academy of Science USA en 1990 demostró que la vitamina C en cantidades que pueden ser tomadas por las personas a diario podía bloquear la replicación del VIH ¡en más del 99,9%! Proceedings of the National Academy of Sciences in the US es una de las publicaciones científicas más leídas del mundo. Así, desde hace más de diez años la industria farmacéutica, la Organización Mundial de la Salud y la comunidad médica sabían que hay alternativas naturales y no patentables a los fármacos. Además, estos tratamientos naturales son más eficaces que cualquiera de los métodos farmacéuticos que se están aplicando actualmente para controlar la enfermedad.

Una segunda sustancia fundamental para bloquear la expansión de los virus es el aminoácido lisina. Como todos los virus se extienden digiriendo el tejido circundante (colágeno) con ayuda de enzimas (colagenasas), neutralizando estas enzimas se reducirá o impedirá la expansión del virus. Los aminoácidos naturales lisina y prolina han demostrado que producen este efecto. Además, se ha documentado que la vitamina A y otros nutrientes esenciales mejoran el sistema inmunológico y, por tanto, contribuyen eficazmente a la prevención y el tratamiento del sida.

Hemos documentado muchos de estos estudios en este sitio web para cualquiera que quiera utilizar inmediatamente y ayudar a difundir este mensaje capaz de salvar vidas: ya sean pacientes, profesionales de la salud o políticos.

¿Por qué cree que el programa de las Naciones Unidas contra el sida beneficia a la industria farmacéutica?

La mayoría de los programas de las Naciones Unidas están dominados por grupos de intereses farmacéuticos. Y lo mismo pasa con el programa de las Naciones Unidas contra el sida. Tenemos que entender que para la industria farmacéutica ha comenzado una batalla por su credibilidad tanto en los países en desarrollo, como en los países industrializados. Cada vez son más los países que se dan cuenta de que hay alternativas naturales a los fármacos, y que no solo son más eficaces, sino que también están disponibles a una fracción de su coste y sin tener que pagar los prohibitivos derechos de patente. Así, muchos gobiernos del mundo se han dado cuenta del negocio fraudulento y sin escrúpulos de la industria farmacéutica y ya están redirigiendo sus estrategias de sanidad nacional hacia terapias naturales.

Tenemos que entender que cualquier país que decida apartarse de este negocio que está haciendo la industria farmacéutica con la enfermedad será un clavo más en el ataúd de esta industria. Una decisión así no solo significa que la industria farmacéutica solo conseguirá una fracción de sus ingresos en ese país, sino que también tendrá otra consecuencia más valiosa aún: cada país que dé la espalda a este negocio farmacéutico con la enfermedad es una contribución para que el mundo abra los ojos al fraude con la enfermedad que durante siglos han mantenido y fomentado los grupos de inversión farmacéutica.

Cuantos más países se vayan liberando del yugo del cartel farmacéutico, más devastadoras serán las consecuencias para esa industria. Imaginemos qué ocurrirá cuando cada vez sean más los países del mundo que se den cuenta de que la epidemia del sida se puede contener aportando a sus ciudadanos suficiente vitamina C y otras terapias naturales no patentables en la cantidad óptima. Imaginemos la reacción de la gente cuando se dé cuenta de que la industria farmacéutica les ha ocultado deliberadamente una información sobre ingredientes naturales que podría haber salvado muchas vidas.

Ya estamos siendo testigos de cómo se le está dando la espalda en todo el mundo a las empresas farmacéuticas. Los gobiernos de Jordania, Emiratos Árabes Unidos, Nigeria, Sudáfrica, Angola, Malawi y muchos otros países africanos, además de la República Popular China, han decidido embarcarse en estrategias de salud naturales. A lo que se enfrenta la industria de inversión farmacéutica no es solo un «efecto dominó», es la caída del «muro de Berlín» del «negocio farmacéutico con la enfermedad».

Para servir a las personas y naciones más afectadas por el sida, las Naciones Unidas y todas sus organizaciones tienen que aprovechar los descubrimientos en el campo de la salud natural y poner este conocimiento y estas terapias a disposición de todo el mundo lo antes posible.

¿Y, atacando a grupos de interés tan poderosos como la industria farmacéutica, no tiene enemigos?

Me he estado enfrentando a estos poderes desde que recogí el testigo del dos veces premio Nobel Linus Pauling. Desde el principio yo era plenamente consciente de que el descubrimiento de la conexión escorbuto-enfermedades cardíacas iba a enterrar para siempre el multimillonario mercado farmacéutico. Así que iniciar esta batalla para liberar a la humanidad del yugo de esta industria mentirosa e inmoral fue una decisión deliberada.

Mirando atrás, hay algunas lecciones importantes que aprender. Si un científico, un hombre, puede influir tanto en el curso de los acontecimientos humanos como para hundir la mayor industria de inversión del mundo, no es solo por mi propia fuerza. La principal razón por la que con la ayuda de unas pocas personas pude iniciar la caída de la mayor industria de inversión del siglo XX fue que esta industria se basaba en el engaño: prometía «salud» y vendía más enfermedad.

Una vez desenmascarado el fraude, no había ninguna defensa que la pudiera proteger del hundimiento. Por eso, durante todos estos años que me he enfrentado a la industria farmacéutica y la he acusado públicamente de engañar y poner en peligro la vida de millones de personas, y nunca se ha atrevido a contraatacar abiertamente. Tampoco cuestionó abiertamente mis descubrimientos científicos.

Sin embargo, los medios de comunicación y los creadores de opinión médica farmadependientes han hecho grandes esfuerzos para desacreditarme como persona. Pero ese es el sino de cualquiera que se atreva a defender lo que es justo. Yo espero que muchos jóvenes, las futuras generaciones, aprendan de este ejemplo y tengan el valor de luchar por lo que consideran justo cuando llegue su momento.

En lo que se refiere a mi seguridad personal, mucha gente me pregunta si temo por mi vida. Lo dicen por la última novela de John le Carré, El jardinero fiel, y el hecho de que el modelo empresarial de la industria farmacéutica no tiene ningún respeto por la vida. El propio John le Carré escribió en el epílogo del libro que cuando trabajaba en esta novela se dio cuenta de que «comparada con la realidad farmacéutica, su novela parecía una postal de vacaciones».

Si estás en una posición privilegiada, como yo, en la que puedes influir en la vida de millones de personas durante generaciones, debes tomar la decisión correcta. Decir la verdad en voz bien alta y en todas partes se convierte en tu mejor protección contra esos grupos de interés que se oponen a ti. La serie de cartas abiertas que publiqué en varios países en nombre de nuestra fundación no fue sino otro paso de este proceso.

¿Cuáles fueron los objetivos de su campaña de información global «Sí a la salud, no a la guerra»?

Desde el principio mismo de la actual crisis internacional, las personas del mundo sospecharon de la supuesta «guerra al terrorismo» propagada por la administración Bush. En todas las manifestaciones contra esta guerra que se hicieron en todo el mundo había carteles que revelaban uno de los verdaderos motivos de esta guerra: el petróleo.

Pero si tu objetivo solo es el petróleo, no tienes por qué crear una histeria colectiva, no tienes por qué convertir a la sociedad estadounidense en un estado paramilitar y no tienes por qué construir una oficina al más puro estilo «Gran Hermano» con 67.000 personas espiando a sus conciudadanos, y todo esto bajo el pretexto de la «seguridad nacional». Esto solo tiene sentido si tienes miedo de algo que hay en tu propio país, y la población entera es una amenaza potencial a tus beneficios económicos y tu poder político.

Como expliqué repetidas veces en mis cartas abiertas, el principal patrocinador de la crisis actual, la guerra contra Irak y la posibilidad de una tercera guerra mundial es la industria farmacéutica. Enfrentada a unos juicios debilitadores en todo el mundo en agosto de 2001, la industria farmacéutica no solo fue la mayor patrocinadora de los trágicos acontecimientos del 11-S. En un último esfuerzo por resistirse a la rotura de la presa de la credibilidad de sus fraudulentos negocios, los grupos de inversión que se esconden tras esta industria se defendieron contra el hundimiento de todas sus inversiones.

Hay que comprender que si eres capaz de crear la mayor industria de inversión del planeta basada en un modelo fraudulento y se descubre este fraude, no quedará ningún sector de la sociedad que no se vea afectado. Esta es exactamente la situación a la que se enfrenta en la actualidad el grupo Rockefeller. Esta es la razón por la que pusieron a Donald Rumsfeld, antiguo ejecutivo de multinacionales farmacéuticas, en el cargo de ministro de la guerra, que esencialmente determina dónde y durante cuánto tiempo caen las bombas.

Este es el motivo por el que la industria farmacéutica fue el mayor donante individual en la campaña electoral de George Bush, incluidas las elecciones legislativas de mitad de periodo en noviembre de 2002, dominadas por unos claros objetivos bélicos.

No le quepa duda de que estos grupos de interés, que se enfrentan a su propia desaparición, están dispuestos a arrastrar consigo en su caída a toda la humanidad. Una situación así desencadenó hace 500 años la transición de la Edad Media a la Edad Moderna en Europa. Enfrentados a su propia desaparición, los dirigentes de esa época comenzaron una guerra contra su propio pueblo. En la «Guerra de los 30 Años» (1618-1648) un tercio de Europa quedó destruida y se sacrificaron decenas de millones de vidas.