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Un momento crucial en la historia
¿Hubo reacciones de los ciudadanos de Estados Unidos o Nueva York?
Hubo reacciones de todas partes del mundo. De las principales universidades, de organizaciones gubernamentales, médicos y, por supuesto, de muchos pacientes y de los ciudadanos en general. La reacción más común fue de gratitud por abrirles los ojos a la conexión existente entre la batalla por la supervivencia de la industria farmacéutica y la actual crisis internacional. Muchos pidieron más información, ya fuera sobre las alternativas de salud natural o sobre el trasfondo del negocio farmacéutico con las enfermedades.
Sobre todo son de señalar las reacciones en Estados Unidos, donde mucha gente se dio cuenta de que su propio gobierno ya no representaba los intereses de la mayoría de las personas, sino principalmente los de un pequeño grupo de accionistas de los intereses petroleoquímicos y farmacéuticos de Rockefeller. Si vives en Nueva York y siempre sospechaste que había algo turbio en la historia oficial del 11 de septiembre, agradeces cuando por fin alguien te explica por qué tu propio gobierno está bloqueando una investigación oficial independiente.

En la tragedia del 11 de septiembre murieron 2.600 personas inocentes. El mismo número de personas muere cada diez días por los efectos secundarios de los fármacos con receta.
Yo creo que ya es hora de que, no solo los ciudadanos de Nueva York, sino también el resto del mundo, sepa la verdad sobre la tragedia del 11 de septiembre. Sobre todo porque desde entonces se ha utilizado para intentar repetir ese montaje a nivel mundial coaccionando a la gente para emprender una cruzada contra terroristas imaginarios.
La gente me preguntaba: ¿Realmente piensas que Bush y su círculo habrían arriesgado deliberadamente 3.000 vidas el 11 de septiembre? Mi respuesta es simple: esa es más o menos la misma cantidad de gente que muere cada 10 días (!) a causa de los mortales efectos secundarios conocidos de los medicamentos farmacéuticos.
Puesto que, por un lado, la Casa Blanca bloquea esa investigación, mientras por otro se aprovecha constantemente de ese suceso para iniciar una guerra mundial, este asunto ya no es un asunto interno de Estados Unidos. Es tarea de las Naciones Unidas exigir e iniciar una investigación independiente de esta tragedia. Se trata de una exigencia legítima, no solo porque la ciudad de Nueva York es la sede de las Naciones Unidas, sino también porque durante año y medio todas las discusiones y debates en este foro mundial se han visto eclipsados por esta tragedia. Ya es hora de que la gente y los gobiernos del mundo se levanten y descarguen sus preguntas sobre las circunstancias del 11 de septiembre. Y será mejor que el gobierno de Estados Unidos coopere con esta investigación internacional o perderá toda credibilidad.
¿Cree usted que los ataques del 11 de septiembre transformarán a Estados Unidos en una dictadura?

Winston Smith (delante) y el Gran Hermano en una escena de la película 1984.
Ya lo han hecho. No estamos hablando de la dictadura de un hombre o de un partido político. Estamos hablando de la dictadura de un pequeño grupo de intereses económicos que utiliza a la administración actual como marionetas para consolidar sus intereses mundiales. Ya en enero de este año, un grupo de ciudadanos preocupados, entre ellos el activista Ralph Nader, la actriz Susan Sarandon y representantes de la organización ecologista Greenpeace, publicaron una alerta a página completa en el New York Times titulada «El Gran Hermano no está de camino, ya está aquí». Las palabras «Gran Hermano» hacen referencia a la novela de George Orwell 1984, donde describe una sociedad controlada, manipulada y maltratada por un pequeño grupo con intereses especiales que tenía acceso directo a todos los aspectos de la vida privada. Y es que muchas de esas cosas ya son hoy una realidad en Estados Unidos. Sin necesidad de orden judicial se pueden investigar cuentas bancarias, leer correos electrónicos, grabar conversaciones telefónicas, abrir cartas, registrar casas y violar otros derechos civiles básicos. Todas estas leyes inconcebibles se justificaron con el montaje del 11 de septiembre y bajo el pretexto de la «guerra contra el terrorismo».
Uno de los derechos humanos más básicos que la actual administración Bush está intentando retirar a sus ciudadanos es el derecho al acceso gratuito a información sobre salud natural. La ley garantiza a los ciudadanos estadounidenses este derecho civil desde que en agosto de 1994 se aprobara por unanimidad la Ley sobre Educación y Salud en los Suplementos Dietéticos. Restringir el acceso a las terapias naturales y a la información sobre remedios naturales para prevenir y tratar enfermedades es algo tan sagrado para los americanos que no permitirían que eso ocurriera en tiempos de paz. Más del 50% de los americanos toma micronutrientes a diario para mejorar su salud. La única forma de retirar este derecho es imponerlo durante un estado de «ley marcial».
Esa es precisamente la motivación por la que la administración Bush no buscará la paz en Oriente Medio, sino todo lo contrario. Utilizarán el Irak de posguerra como trampolín para intensificar la crisis internacional e iniciar otras guerras que incluyan el uso de armas de destrucción masiva. Y es que sin un estado de terror mundial de esas proporciones no podrán conseguir sus propósitos.
Los americanos y el mundo deben permanecer muy alerta para penetrar el intricado laberinto de tácticas y trucos del cartel y sus amiguitos políticos para imponer sus objetivos últimos, ocultos tras la farsa de una supuesta «guerra contra el terrorismo».
Usted dice que el cartel farmacéutico se beneficiaría de una guerra con armas de destrucción masiva. ¿Puede explicar eso un poco?
Si uno ve que un suceso que destruyó dos edificios en Nueva York y mató a 3.000 personas puede ser aprovechado para llevar a todo un país a tal estado de terror que le permita retirarle prácticamente todos sus derechos civiles, puede sacar sus propias conclusiones. Los intereses del cartel farmacéutico son globales por naturaleza. No puede permitir que un continente, ni siquiera unos pocos países, escape a sus mecanismos de control.
Por ejemplo, si los países de Sudamérica documentasen la superioridad de las terapias naturales sobre los productos farmacéuticos, eso destruiría todo el monopolio mundial del fraudulento negocio farmacéutico. En la era de Internet y de la comunicación mundial instantánea, la erradicación de enfermedades enteras mediante procedimientos naturales en cualquier rincón del mundo se propagaría inmediatamente al resto del mundo. Así, cualquier contramedida impuesta por el cartel farmacéutico, en sus estrategias, ha de tener carácter mundial.
Por lo tanto, el plan del cartel farmacéutico es multiplicar el factor del miedo psicológico del 11 de septiembre a escala mundial. Y la mejor manera de hacerlo es una guerra en la que haya implicadas armas de destrucción masiva. Y la mejor forma de provocar una guerra así es iniciar una guerra en una región con países que se cree que poseen tales armas de destrucción masiva y están dispuestos a utilizarlas en caso de amenaza. El uso de armas de destrucción masiva en el campo de batalla o en el metro de Londres o Nueva York, por venganza provocada por la brutalidad de la guerra, legitimaría al cartel farmacéutico para exigir la aplicación mundial de leyes marciales. A su vez, esto crearía un ambiente internacional propicio para extender a escala mundial el régimen «Gran Hermano» que actualmente se está estableciendo en Estados Unidos.
Ahora que el desenmascaramiento de este plan en mis cartas abiertas y en esta entrevista ha dado el golpe de gracia a esta estrategia, han elaborado un plan alternativo. No es ninguna coincidencia que la nueva epidemia, el SARS, se convirtiese en un factor de miedo en todo el mundo justo la misma semana que los estrategas que se ocultan tras la guerra de Irak se dieron cuenta de que no podrían hacer realidad su plan preferido: provocar una guerra con armas de destrucción masiva.
La histeria mundial generada por los medios alrededor del SARS no tiene nada que ver con el verdadero peligro de esta epidemia. El SARS es simplemente una enfermedad viral que, como cualquier otra enfermedad viral, se puede contener y prevenir en gran medida mediante cantidades adecuadas de ascorbato (vitamina C) y algunas otras moléculas naturales. Pero estas moléculas no son patentables y, por lo tanto, no se promueve su uso. Pero lo que sí se promueve es un miedo mundial a una epidemia misteriosa, y ese miedo solo sirve al cartel: lleva a las personas a una dependencia de la industria farmacéutica y promueve un clima donde también se pueden imponer leyes de delegación de poderes, algunas al menos.
No hay necesidad de tener miedo al SARS. Está causado por el virus corona, conocido desde hace mucho tiempo. Dos cucharadas de vitamina C en polvo al día, junto con algunas otras vitaminas que refuerzan el sistema inmunitario, bastan para controlar el SARS, igual que cualquier otra enfermedad viral. Como se sabe que el ascorbato (vitamina C) bloquea el virus más agresivo que se conoce en la actualidad (VIH/sida) en más de un 99%, también puede contener eficazmente el SARS.
En vez de crear un miedo misterioso que solo sirve a grupos con intereses especiales, los políticos del campo de la salud, los profesionales sanitarios y la gente en general deberían ayudar a educar a los demás sobre los medios naturales disponibles actualmente para controlar el SARS y otros problemas de salud.
En una de sus cartas abiertas mencionó al grupo Rockefeller y a la Comisión Trilateral financiada por Rockefeller como una organización clave detrás de George Bush y su administración. ¿Qué es la Comisión Trilateral y de qué fuentes ha obtenido esta información?
El 13 de septiembre de 1998, dos años antes de que George Bush fuera elegido, el New York Times publicó un largo artículo de investigación titulado «Is there a role for another Bush?» (¿Hay un puesto para otro Bush?). El artículo revela las conexiones de la dinastía Bush con el grupo Rockefeller, la industria petroquímicas y otros contactos nacionales e internacionales. El artículo decía que con George Bush hijo, la «Comisión Trilateral financiada por Rockefeller» entraría de nuevo en la Casa Blanca. El artículo también subraya el hecho de que George Bush padre, vicepresidente con Reagan y presidente durante la primera guerra de Irak, había estado en el consejo de esta Comisión Trilateral.
¿Cuál es la historia de esta comisión?
El consorcio Rockefeller expandió su poder desde el sector petroquímico al farmacéutico durante la primera mitad del siglo XX. Con cada vez más capital que administrar y reinvertir, se hizo obvio que la esfera nacional de acción del grupo Rockefeller no era suficiente para una organización de inversión mundial. Así, en 1972, el grupo Rockefeller decidió fundar un grupo informal de gente para coordinar sus intereses financieros en todo el mundo.
Los tres brazos de la organización representarían los tres centros del poder económico de nuestro tiempo: Estados Unidos, Europa y Japón, de ahí el «trilateral» del nombre. El primer presidente y hasta el día de hoy aún presidente honorífico de esta comisión es el propio David Rockefeller. Este grupo incluye banqueros, ejecutivos de empresa y otros «actores mundiales» que pueden unirse a este grupo «exclusivamente con invitación». Se reúnen a puerta cerrada, pero curiosamente tienen una página web oficial: www.trilateral.org. En esta página web también hay una lista de los miembros de este grupo que parece el «Quién es quien» de las altas finanzas.
Nadie funda una organización así sin un objetivo. El objetivo de la Comisión Trilateral es crear un «Nuevo Orden Mundial» que básicamente someta al planeta Tierra a los intereses del cartel petroleoquímico/farmacéutico. Nunca ocultaron que sus ideas fueron recogidas por sus «sicarios», como Richard Perle, Paul Wolfewitz, Donald Rumsfeld y algunos otros de los que en la actualidad encontramos en y alrededor de la administración Bush y el Pentágono.
No hace falta ser licenciado en Historia o Ciencias Políticas para saber que uno más uno suman dos. Los temores levantados por el artículo de 1998 del New York Times se han hecho realidad: con la administración Bush, la «Comisión Trilateral financiada por Rockefeller» ha entrado en la Casa Blanca y el Pentágono, los centros político y militar más poderosos del mundo. Nunca cupo la menor duda de que las marionetas políticas de la Comisión Trilateral aprovecharían esta oportunidad para perseguir enérgicamente y sin escrúpulos su objetivo de instaurar un Nuevo Orden Mundial.
Si alguien tiene alguna duda sobre esto, baste con recordar la fuerza con la que la actual administración retorció a su favor los resultados de las elecciones del 2000 y cómo ocupó todos los cargos estratégicos de la administración con «halcones» intransigentes para alcanzar los objetivos del «Nuevo Orden Mundial» del grupo Rockefeller. A mí me pareció necesario e importante documentar la conexión Rockefeller oculta tras esta persecución de una guerra mundial en una de mis cartas abiertas del New York Times. Richard Perle, uno de los «sicarios» de Rockefeller, solo «sobrevivió» unos días a este desenmascaramiento de la Comisión Trilateral en mi carta abierta. Tuvo que inventarse un pretexto para dimitir de su puesto en el Pentágono.
No hace falta decir que el curso de la historia, el futuro de este planeta, no podrá cambiar ni cambiará si no revelamos estos contactos y los presentamos para que los vea todo el mundo. Los grupos de interés que ganan dinero con la pervivencia de las enfermedades y con una tercera guerra mundial tienen cara y nombre. Y el mundo debe conocer esas caras y esos nombres. Por eso, en nuestra página web indicamos esos nombres, sacados de la información oficialmente disponible de la Comisión Trilateral.
Ahora el mundo sabe quién es esa gente. Mientras sirvan en la Comisión Trilateral de Rockefeller serán responsables de lo que se haga en nombre del cartel Rockefeller. En consecuencia, debe responsabilizárseles de todo lo que está haciendo actualmente la administración Bush. Ahora que ha hecho una guerra en contra del derecho internacional, se debe responsabilizar a estos grupos de interés también por los crímenes de guerra cometidos. Los cargos por asesinatos masivos, crímenes de guerra, explotación, saqueo y prácticamente cualquier otro acto ilegal llevado a cabo por la administración Bush también deben presentarse contra «los que hicieron a George Bush». Y esos ejecutivos deberían saberlo.
No ha sido hasta marzo de este año que se ha creado el Tribunal Penal Internacional de La Haya (Países Bajos). No es sorprendente que la administración Bush se haya opuesto enérgicamente a la creación de este tribunal. Sabían que podían ser los primeros en ser llevados ante este tribunal y que sus actos fueran analizados por el mundo y se enjuiciara a los responsables. En el tribunal de crímenes de guerra de Núremberg en 1947, los ejecutivos de las industrias que habían instigado la Segunda Guerra Mundial (directores del cartel petroquímico/farmacéutico I.G. Farben) también fueron sentenciados por esos crímenes de guerra.
Con todas las personas del mundo unidas unánimemente en la condena de esta guerra contra Irak y de cualquier guerra futura, ¿cómo piensan escapar a la justicia estos miembros de la Comisión Trilateral financiada por Rockefeller? Me desconcierta lo cortos de miras que pueden llegar a ser los altos ejecutivos. En un mundo de comunicaciones transparentes, está claro que haría falta una ley marcial mundial para impedir que esta información se propague por el mundo y te exijan responsabilidades. La única cuestión es cuándo tendrá lugar el juicio.
