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Dr. Rath Health Foundation

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Un momento crucial en la historia

El nombre Rockefeller no se oye mucho en el debate público. Si son tan influyentes, ¿por qué no se habla más de ellos?

En algunas partes del mundo los dirigentes siguen estando visibles, son honrados por su pueblo y su foto está en todas partes. Pero la gente más poderosa del mundo escoge otro camino. Ejercen su poder de forma clandestina y odian el ojo público. El grupo Rockefeller controla más de 200 empresas farmacéuticas, grandes y pequeñas, sin que se hable públicamente de ello. El grupo Rockefeller está detrás de algunas de las instituciones financieras más influyentes del mundo, como el Chase Manhattan Bank, entre otras. El grupo Rockefeller, por supuesto, es dueño del consorcio Exxon y de otras multinacionales petroleoquímicas. Solamente los ingresos anuales de Exxon superan la suma del producto interior bruto de la mitad de los países de la tierra.

El consorcio Rockefeller también controla los medios de comunicación, incluido Time Warner, CNN y una completa red de periódicos, emisoras de radio y cadenas de televisión. Así, no sorprende que se pudiera manipular a la opinión pública estadounidense hasta el punto de que mucha gente inocente fue engañada para apoyar acciones ilegales como una guerra contraria al derecho internacional. Y a los que aún dudaban los siguieron manipulando con «sondeos de opinión» pagados, cuyos resultados fueron cuestionados abiertamente en el New York Times y otros medios.

La contraparte al grupo Rockefeller en Estados Unidos es el grupo Rothschild en Gran Bretaña, que controla la industria farmacéutica de la segunda mayor nación exportadora de productos farmacéuticos.

¿Está sugiriendo que los gobiernos del mundo deberían denunciar a George Bush, Donald Rumsfeld y otros ante el Tribunal Penal Internacional de la Haya?

¡Por supuesto! La comunidad mundial lleva mucho tiempo trabajando por este tribunal, que fue creado para perseguir las violaciones de las leyes internacionales, especialmente los crímenes de guerra cometidos en guerras iniciadas o conducidas sin legitimación internacional. ¿Cuándo, si no ahora, se dará una situación en la que haya que llevar ante la justicia a quienes comenzaron la guerra contra Irak y están a punto de llevar el conflicto a otros países? Si no los detenemos ahora, seguirán acosando al mundo, poniendo en peligro vidas de personas y amenazando con arrastrar consigo al planeta en su caída. Una vez más, los habitantes del mundo tienen que entender que la industria farmacéutica, la industria de inversión más grande del planeta, tiene los días contados. Desaparecer, desaparecerá; la única duda es cuándo. En segundo lugar, no cabe duda de que los responsables de haber dirigido este negocio sin escrúpulos con la enfermedad y que han tenido que justificar la muerte innecesaria y prematura de millones de personas también tienen los días contados. ¿Usted cree que se rendirán voluntariamente?

Los habitantes del mundo y sus gobiernos deben despertar ante esta situación. La administración Bush propaga abiertamente la escalada hacia una nueva guerra mundial. Y lo harán si los habitantes del mundo no los detienen. Y como no se los puede parar militarmente sin arriesgarse a una guerra mundial, hay que pararlos con los otros dos medios disponibles: los económicos y los políticos.

Los medios económicos consisten en el bloqueo del negocio farmacéutico con la enfermedad redirigiendo los sistemas sanitarios nacionales de todos los países del mundo hacia la salud natural y negándose a pagar los derechos de patentes de la pequeña cantidad de fármacos que aún podrían necesitarse, como los antibióticos.

Los medios políticos son legalmente importantes y se deben abordar sin demora. Los habitantes del mundo tienen que presionar a sus gobiernos para que inicien procesos judiciales formales contra las administraciones Bush y Blair por cometer crímenes de guerra y violaciones de los derechos humanos. El tribunal competente para juzgar estas violaciones es el Tribunal Penal Internacional de La Haya (Países Bajos).

Hay que presentar una denuncia por empezar y hacer una guerra en contra del derecho internacional, por asesinato masivo, explotación, saqueo de la propiedad pública y privada y otros crímenes contra la humanidad y violaciones del derecho internacional. Si nosotros, los habitantes del mundo, y los gobiernos de 180 países vamos a permitir que Bush y Blair, el cartel Rockefeller y los miembros de la Comisión Trilateral se salgan con la suya y aterroricen al mundo con guerras ilegales (sin hacerlos responsables de nada), entonces las Naciones Unidas, todo su marco jurídico de derecho internacional y todo el sistema de tribunales de la ONU ya no valen nada.

No basta con denunciar solo al gobierno o a las empresas. Los miembros del gobierno, George Bush, Condolezza Rice, Donald Rumsfeld, John Ashcroft y todos los demás, deben ser denunciados personalmente. Tommy Franks y los generales que hicieron esta guerra sin ninguna autorización internacional deben ser denunciados personalmente. Todos los miembros del grupo Rockefeller, de la Comisión Trilateral y de otros organismos aún por identificar que instigaron, promovieron o se beneficiaron económicamente del saqueo en países extranjeros deben ser denunciados personalmente. Y lo mismo con los británicos. No solo la administración Blair, también se debe dejar al descubierto a los jefes de los bancos Rothschild y a todos los demás que se han beneficiado directa o indirectamente de esta guerra ilegal. La lista debe incluir banqueros, políticos y otros ejecutivos de empresas de Estados Unidos, de Europa o de cualquier otra parte del mundo.

También se debe denunciar a los directivos de la industria farmacéutica por los crímenes que vienen cometiendo en nombre de la industria de inversión farmacéutica contra la gente y los gobiernos del mundo. Todo esto debe ocurrir sin demora.

Para que los gobiernos del mundo puedan emprender estas acciones, lo más importante es el apoyo de sus ciudadanos. Yo hago un llamamiento a todos y cada uno de los individuos de este planeta para que presionen a sus gobiernos para que denuncien formalmente a estos grupos de interés.

Una de dos: o nosotros, el pueblo, permitimos que estas fuerzas empujen a nuestro planeta a un abismo, o tomamos el control ya. Por supuesto, puede que nosotros, el pueblo, tengamos que arrastrar a nuestros gobiernos para que inicien una denuncia formal en La Haya. Los gobiernos son lentos y fáciles de intimidar, especialmente cuando alguien tiene un gran poder económico. Pero nosotros somos el pueblo. ¿Podemos hacerlo? ¡Por supuesto! Y los pueblos y las personas del mundo deben unirse en esta misión.

Tenemos que ser conscientes de que solo el desenmascaramiento de estos grupos de interés ocultos tras los esfuerzos bélicos es el paso aislado más importante para evitar otra guerra mundial. El mundo no se puede permitir otra guerra como la de Irak y vivir con el temor diario de que estalle una tercera guerra mundial. Ha llegado la hora de actuar. Cada político responsable, cada ciudadano de este planeta tiene que ser consciente de esta oportunidad histórica y actuar inmediatamente.

¿Qué podemos hacer las personas?

Todo el mundo debería familiarizarse con los avances en el campo de la salud natural. Todo el mundo, independientemente de si vive en Nueva Delhi, El Cairo, Johannesburgo, Nueva York, Buenos Aires o México DF, independientemente de si vive en un país en desarrollo o en un país industrializado, debería informarse sobre los descubrimientos en salud natural que pueden sustituir eficaz e inmediatamente a más del 80% de los actuales medicamentos farmacéuticos con receta. Si seguimos investigando en el campo de la salud natural, calculo que en los próximos años el 95% de los medicamentos farmacéuticos serán superfluos.

Esto significa que los habitantes del mundo tienen la posibilidad de retirar el 95% de los ingresos que el cartel farmacéutico utiliza para financiar la continuidad de su negocio sin escrúpulos con la enfermedad y para continuar apoyando las campañas electorales de políticos como Tony Blair y George Bush. ¡Piense en ello! Qué gran oportunidad para que todos puedan hacer inmediatamente su contribución, no solo para un mundo más sano, sino también para garantizar la paz en el futuro para esta generación y para las generaciones de nuestros hijos y nietos.

Además, hace falta organizar grupos locales de apoyo para hacer que los gobiernos presenten una denuncia oficial en La Haya y en otros tribunales, para llevar ante la justicia a quienes están detrás de la actual crisis mundial y se benefician de ella. Dejar al descubierto estas fuerzas y sus actos es necesario para reducir su influencia en el futuro e impedir que estos grupos de interés sigan haciendo daño a nuestro planeta y sus habitantes.

A menudo me preguntan por qué no hemos visto ni oído nada antes sobre los intereses farmacéuticos ocultos tras la actual guerra. La respuesta es muy sencilla. Estos grupos de interés se esconden tras una máscara de filantropía y buenas intenciones hacia el planeta. Para poder entender la falta de escrúpulos y la mezquindad del modelo de negocio farmacéutico hay que descubrir esa farsa de la filantropía, y solo entonces se revelará la verdadera naturaleza inversora y sin escrúpulos del negocio farmacéutico con las enfermedades. Ahora que lo hemos hecho, no hay tiempo que perder. Esta entrevista proporciona una estrategia para que los habitantes del mundo y sus representantes políticos tomen inmediatamente medidas para proteger a nuestro planeta y dejar un mundo más sano y pacífico a nuestros hijos.

¿Cómo ve el papel de las Naciones Unidas en el futuro?

No basta con que las Naciones Unidas compitan con Estados Unidos en la construcción de un gobierno para el Irak de posguerra. Reducir a eso el papel de esta organización mundial es nada menos que una capitulación frente al cartel petroquímico y farmacéutico y sus brazos políticos y militares. Y esto no debe suceder nunca.

Las propias Naciones Unidas deberían ser la fuerza impulsora que lleve a George Bush, a Tony Blair y a los demás violadores del derecho internacional ante la justicia. Imagine qué paso tan importante sería para esa organización presentar una denuncia así en nombre de la mayoría de la Asamblea General de las Naciones Unidas. No me cabe duda de que una decisión así se puede tomar y se tomará.

Hay que proteger a las Naciones Unidas. Pero ceder a los intereses del cartel farmacéutico e intentar pactar con él no es forma de protegerlas. El papel de las Naciones Unidas, si es que quiere desempeñar un papel en el futuro, ha de estar marcado por el aplomo y la aplicación de su autoridad.

No podemos permitir que nadie, que ningún gobierno, ni siquiera el gobierno más poderoso del mundo, desobedezca las decisiones de las Naciones Unidas y pretenda salirse con la suya. Quienes lo hagan deberán ser llevados ante la justicia y exponer sus motivos al mundo. Este es el papel más inmediato y urgente de las Naciones Unidas.

Por supuesto, lo mismo es válido para las organizaciones dependientes de las Naciones Unidas, como la Organización Mundial de la Salud. Debe emprenderse un proceso inmediato de limpieza para eliminar de ella los intereses de la industria farmacéutica. No se puede seguir tolerando que los habitantes del mundo crean que la Organización Mundial de la Salud protege su salud, cuando los principales objetivos de la OMS hace mucho que se convirtieron en un instrumento de los intereses farmacéuticos. Hay que acabar con esto. Desenmascarar a los intereses farmacéuticos como los principales patrocinadores de la actual crisis será una contribución importante para impedir también que sigan abusando de la Organización Mundial de la Salud y devolverle su función original: mejorar la salud en todo el mundo, especialmente en los países en desarrollo, donde más falta hace esta organización.